Retomando
lo importante, digamos que el objeto existe y es exterior. Ello se debe a que
lo percibo como exterior. Existe porque lo percibo, y es exterior porque lo
percibo así. No vamos a decir que el objeto es una percepción, y posiblemente
digamos que es el conjunto de sus percepciones posibles, pero lo que debe estar
claro es que esas percepciones están en el objeto. Lo que cabe preguntar es el
nivel de relación entre la existencia de percepciones y la existencia del
objeto. Había pensado que la existencia del objeto era de algún modo previa a
la de la percepción. La idea es que para el realista ingenuo todo el objeto
aparece ante cada percepción, de manera que él no accede a una mera
perspectiva, sino al objeto en su conjunto. En cualquier caso, está claro que
la percepción existe, que éste es el axioma, y que tal existencia es la que
revela la existencia del objeto. No hace falta, en este punto del análisis,
establecer cual es exactamente la conexión lógica entre una existencia y otra,
pero debe estar claro que tal conexión existe. Así se presupone: que la
percepción existe; que esa existencia es razón de la existencia del objeto.
Luego vendría la cuestión de la exterioridad: que como el objeto se percibe
estando fuera, el objeto es exterior. Pero, ¿significa esto que la percepción
es exterior? No, evidentemente, si se habla de la percepción entera. Porque percibimos cosas en el
objeto, cosas en nosotros mismos, cosas en el entorno del objeto, y toda clase
de relaciones espaciotemporales entre ellas.
Percibo
mis párpados, por ejemplo, cuando tengo los ojos cerrados, o percibo la niebla
en la que está el objeto, o percibo el color de éste. También percibo si el
objeto está arriba, si mis ojos se dirigen hacia arriba, y, pongamos por caso,
si al lado de un libro (el objeto) está este o aquel otro, que sería parte del
entorno del primer libro. Digamos que en general percibo cualidades y su
disposición espaciotemporal. Ésta última consiste en relaciones internas y
externas. Luego, sujeto, objeto y entorno tienen propiedades internas,
estructura interna y relaciones externas. Un objeto puede tener muchas
propiedades internas; la estructura interna sería el modo en que tales
propiedades están espaciotemporalmente dispuestas en el interior de ese objeto.
Y lo mismo puede decirse de mi cuerpo y del entorno. Mi cuerpo tiene
cualidades, una estructura interna y relaciones externas. Ejemplo de las
últimas sería que mi cuerpo está debajo de cierto libro. Cuando cierro los
ojos, veo cierta cualidad de negrura, y eso forma parte de mi cuerpo,
espaciotemporalmente estructurado en su interior (lo espacial aquí no es
evidente, pero puedo decir que la negrura es simultánea con cierta sensación
táctil, por ejemplo). Por último, el entorno también tiene su estructura
interna, sus cualidades y sus relaciones externas, como es evidente en el caso
de un libro en la estantería. Es cierto que en el momento en que cierro los
ojos puedo no percibir nada del objeto ni de su entorno inmediato, pero esto no
significa que, cuando lo percibo, tal percepción no sea razón de la existencia
del objeto mediante ciertas reglas de inferencia inscritas en nuestra
animalidad. Pero no es necesario detenerse en esas reglas para ver que ellas
funcionan, estableciendo la existencia de los objetos que realmente existen, y
no las ilusiones ópticas o las alucinaciones, por ejemplo.
Y
ahora se comprenderá claramente que lo que yo tenía en mente al decir que la
percepción está en el objeto era, simplemente, que lo estaban las percepciones
de las cualidades internas del objeto. Incluso podría decirse que la estructura
interna está en el objeto, sobre todo si se interpreta que la relación entre
dos partes es el par ordenado de las mismas. La percepción de mi cuerpo, en
cambio, está en el sujeto (yo); la percepción del entorno está en el entorno.
Todo esto será válido si nos referimos a las percepciones de propiedades y
estructuras internas de la cosa de que se trate. No es verdad que las
relaciones externas del objeto estén en el objeto, pero sí podría considerarse
cierto que lo están sus relaciones internas y, sobre todo, sus propiedades
cualitativas interiores.