jueves, 13 de junio de 2013

m.3. Estudios sobre el presente


m.3.1. Posibles cuestiones y posible “abstracción” del presente

Para comenzar con la problemática del presente podemos preguntarnos si es cierto, y en qué sentido puede serlo, que “el presente cambia constantemente” (Russell, en Los problemas de la filosofía, por ejemplo). El cambio presupone el pasaje de un estado específico a otro, pero quizá esto pueda cuestionarse en relación al presente. Pues ¿qué puede significar un estado específico del presente? ¿Qué características particulares tiene? Está claro que, por decirlo así, el presente no es como “ahora” el lector lo percibe, ya que si se fija bien ahora es distinto. ¿Ha cambiado? Lo que subyace a nuestros cuestionamientos es que, naturalmente, no puede atribuírsele ningún estado particular al presente, ningún conjunto determinado de propiedades sensibles, por ejemplo, pero tampoco estados emocionales o imaginativos concretos. Sin embargo, el presente debe ser algo, y por tanto debe tener algunas características; ahora bien, toda la cuestión radica en la naturaleza de esas características. Si no son particulares, se podría afirmar que son generales, o incluso “abstractas”, en cierto sentido del término.
De todas maneras, la percepción subjetiva de un cambio continuo no debe ser descartada, puesto que la filosofía no debe negar lo evidente, sino integrar las evidencias contradictorias. Tales contradicciones suelen ocurrir por insuficiencia conceptual y por la ausencia de conexiones más profundas entre los conceptos. Lo que debería lograrse es, en nuestro caso, una integración entre todas las opiniones relevantes acerca del presente y del tiempo en general, obtenidas por el sentido común, por la filosofía, o por la ciencia. Así pues, deberíamos evaluar conjuntamente hipótesis como las siguientes: que el presente no forma parte de la física; que el tiempo se divide en pasado, presente y futuro; que el tiempo es una sucesión de “ahora-s”; que, como dijimos, el presente cambia constantemente; que el presente es un atributo de la mente (Schrödinger, en Mente y Materia); que el presente se mueve desde el pasado hasta el futuro; que todo está en el Presente (Schopenhauer, en Parerga y Paralipómena). A estas hipótesis añadiré una que, tempranamente, propuse para mí mismo: el presente es la realidad del instante. Además, deben considerarse ideas tales como el “presente especioso”, y relaciones que nacen de la consideración física del tiempo: la relación del presente con el instante (según éste se entiende en física), la relación del presente con la simultaneidad, y la vinculación del presente con las relaciones de pasado y futuro respecto de un instante específico.
Trataremos de acercarnos a una noción “abstracta” del presente, pero no porque el presente sea “una abstracción” (una ficción inexistente), ni porque el presente sea una “entidad abstracta” (en un sentido platónico). En efecto, el presente debe ser una entidad viva, por decirlo así, porque de este modo lo percibimos inmediatamente; debe ser, además, una realidad por lo menos mental. Esto nos enfrenta, en primer lugar, con las diferencias entre una aproximación subjetiva y una aproximación físico-objetiva del tiempo. Ya hemos dicho que, a diferencia del tiempo mismo, el presente no parece tener ningún papel en la teoría física. Esto requerirá aclaraciones, pero parecería que, si se lo aceptara, no habría una real dificultad, nada que conciliar entre un presente subjetivo y otro objetivo: el presente sería simplemente mental; por ende, sólo cabría aproximarse a él desde el punto de vista subjetivo. Ahora bien, a esta asimetría podría oponérsele la especulación según la cual, en algún momento del futuro, el “presente” llegaría a formar parte conceptual de la física, obteniendo así una suerte de punto de convergencia entre física y metafísica.
Pero quizá no sea necesario recurrir a una especulación semejante para ver un elemento de “objetividad” en el presente. Al analizar el tiempo desde la subjetividad, podemos quizá encontrar un indicio para un punto de vista objetivo. Porque si el presente no es ningún instante en particular, bien podría ser todos ellos. Pero ahora no interpreto esto en el sentido de que todo instante específico (un instante matemático, digamos, con valor numérico concreto respecto de un sistema de referencia) “ha sido” o “será” alguna vez presente; interpreto la omnipresencia del presente —y valga el juego de palabras— en un sentido más fuerte, a saber: el presente como algo íntimamente vinculado al conjunto de todos los instantes. Aplicado a mi alma, el presente estaría asociado al conjunto de todos los instantes de mi biografía, hasta mi muerte. Más allá de su viabilidad, esta sugerencia pondría de manifiesto que el presente —por más que tenga, con prioridad epistemológica, un carácter mental, en el sentido de que su aspecto mental es lo primero para nosotros— podría tener una “versión objetiva”, desde el mismo momento en que un instante particular (una fecha y hora determinadas) es algo objetivo.


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