m.3.1. Posibles cuestiones y posible “abstracción” del
presente
Para
comenzar con la problemática del presente podemos preguntarnos si es cierto, y
en qué sentido puede serlo, que “el presente cambia constantemente” (Russell,
en Los problemas de la filosofía, por
ejemplo). El cambio presupone el pasaje de un estado específico a otro, pero quizá
esto pueda cuestionarse en relación al presente. Pues ¿qué puede significar un
estado específico del presente? ¿Qué características particulares tiene? Está
claro que, por decirlo así, el presente no es como “ahora” el lector lo percibe,
ya que si se fija bien ahora es
distinto. ¿Ha cambiado? Lo que subyace a nuestros cuestionamientos es que, naturalmente,
no puede atribuírsele ningún estado particular al presente, ningún conjunto
determinado de propiedades sensibles, por ejemplo, pero tampoco estados
emocionales o imaginativos concretos. Sin embargo, el presente debe ser algo, y
por tanto debe tener algunas características; ahora bien, toda la cuestión
radica en la naturaleza de esas características. Si no son particulares, se
podría afirmar que son generales, o incluso “abstractas”, en cierto sentido del
término.
De
todas maneras, la percepción subjetiva de un cambio continuo no debe ser
descartada, puesto que la filosofía no debe negar lo evidente, sino integrar
las evidencias contradictorias. Tales contradicciones suelen ocurrir por
insuficiencia conceptual y por la ausencia de conexiones más profundas entre
los conceptos. Lo que debería lograrse es, en nuestro caso, una integración
entre todas las opiniones relevantes acerca del presente y del tiempo en
general, obtenidas por el sentido común, por la filosofía, o por la ciencia.
Así pues, deberíamos evaluar conjuntamente hipótesis como las siguientes: que
el presente no forma parte de la
física; que el tiempo se divide en pasado, presente y futuro; que el tiempo es
una sucesión de “ahora-s”; que, como dijimos, el presente cambia constantemente;
que el presente es un atributo de la mente (Schrödinger, en Mente y Materia); que el presente se
mueve desde el pasado hasta el futuro; que todo está en el Presente
(Schopenhauer, en Parerga y Paralipómena).
A estas hipótesis añadiré una que, tempranamente, propuse para mí mismo: el presente
es la realidad del instante. Además, deben considerarse ideas tales como el “presente
especioso”, y relaciones que nacen de la consideración física del tiempo: la
relación del presente con el instante
(según éste se entiende en física), la relación del presente con la
simultaneidad, y la vinculación del presente con las relaciones de pasado y
futuro respecto de un instante específico.
Trataremos
de acercarnos a una noción “abstracta” del presente, pero no porque el presente
sea “una abstracción” (una ficción inexistente), ni porque el presente sea una
“entidad abstracta” (en un sentido platónico). En efecto, el presente debe ser
una entidad viva, por decirlo así, porque de este modo lo percibimos inmediatamente; debe ser, además, una realidad por lo menos mental. Esto nos enfrenta,
en primer lugar, con las diferencias entre una aproximación subjetiva y una
aproximación físico-objetiva del tiempo. Ya hemos dicho que, a diferencia del
tiempo mismo, el presente no parece tener ningún papel en la teoría física. Esto
requerirá aclaraciones, pero parecería que, si se lo aceptara, no habría una
real dificultad, nada que conciliar entre un presente subjetivo y otro
objetivo: el presente sería simplemente mental; por ende, sólo cabría
aproximarse a él desde el punto de vista subjetivo. Ahora bien, a esta
asimetría podría oponérsele la especulación según la cual, en algún momento del
futuro, el “presente” llegaría a formar parte conceptual de la física,
obteniendo así una suerte de punto de convergencia entre física y metafísica.
Pero
quizá no sea necesario recurrir a una especulación semejante para ver un
elemento de “objetividad” en el presente. Al analizar el tiempo desde la
subjetividad, podemos quizá encontrar un indicio para un punto de vista
objetivo. Porque si el presente no es ningún instante en particular, bien podría
ser todos ellos. Pero ahora no interpreto esto en el sentido de que todo instante específico (un instante
matemático, digamos, con valor numérico concreto respecto de un sistema de
referencia) “ha sido” o “será” alguna vez presente;
interpreto la omnipresencia del presente —y valga el juego de palabras— en un sentido
más fuerte, a saber: el presente como algo íntimamente vinculado al conjunto de
todos los instantes. Aplicado a mi alma, el presente estaría asociado al
conjunto de todos los instantes de mi biografía, hasta mi muerte. Más allá de
su viabilidad, esta sugerencia pondría de manifiesto que el presente —por más
que tenga, con prioridad epistemológica, un carácter mental, en el sentido de
que su aspecto mental es lo primero para nosotros— podría tener una “versión
objetiva”, desde el mismo momento en que un instante particular (una fecha y
hora determinadas) es algo objetivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario