jueves, 20 de junio de 2013

m.3.3. Movimiento del tiempo o movimiento del presente. El misterio de un nuevo “tiempo”


Representaremos ahora al presente, alternativamente, con la imagen de una ventana o de un cilindro. Se trata de una entidad, una “ventana” o un “cilindro”, a través de la cual se mueve el eje del tiempo. Podemos imaginar que el eje atraviesa la ventana perpendicularmente y por su centro, o, en la otra imagen, que coincide con el eje del cilindro y se mueve sobre él. La ventana, en vista de su escaso o nulo espesor, nos daría una imagen del presente más “instantánea”, mientras que el cilindro representaría al presente “especioso”. Volviendo al movimiento, debe tenerse en cuenta que es, por lo menos a primera vista, relativo. Esto significa que el eje se mueve a través del cilindro, digamos, o que el cilindro viaja a lo largo del eje —ello dependería de dónde se pusiese el sistema de referencia—. Es evidente que la imagen popular según la cual el tiempo “fluye” o “pasa” corresponde a la imagen del eje del tiempo atravesando el cilindro justamente por el eje de éste, a ritmo regular. El cilindro, claro está, representa al presente; una ventana también puede representarlo, considérese o no que su marco tiene espesor (si no lo tiene, el presente sería absolutamente “instantáneo”). Así, la idea del tiempo que fluye o pasa se corresponde con el escenario de un presente inmóvil a través del cual se desliza el tiempo. Por lo demás, la idea de representar al tiempo con un eje proviene de una física rudimentaria, incluso folk. Ahora bien, ¿qué relación tendría este presente con nosotros mismos? ¿Estaría fuera o dentro de nosotros?
Ya hemos dicho que, por más que el presente pueda tener una versión objetiva, por lo menos ha de tener una versión subjetiva. El presente es un dato de nuestra conciencia; no un “dato sensorial”, ciertamente, pero sí algo constantemente —valga la redundancia— presente en nuestra conciencia. Pero iremos un poco más allá y sostendremos que el presente forma parte constitutiva de la conciencia. Intentaremos ver los resultados a que puede llevarnos esta hipótesis. Y si el presente está en el alma —dejando aparte el problema del dualismo—, si la compone, la idea de que el tiempo fluye se traduciría en la imagen de un eje del tiempo pasando a través del alma. El cilindro o la ventana no sólo representarían al presente, sino también al alma, o más bien sólo al alma, ya que el alma es, en la tradición filosófica, algo más sustancial que el presente, y la ventana y el cilindro nos remiten a sustancias antes que a entelequias.
Llegamos así a una imagen curiosa: el tiempo nos atraviesa, como una lanza infinita en perpetuo movimiento. Nosotros estaríamos fijos, inmóviles; sería el tiempo el que estaría en movimiento; y como el presente está en nosotros, el presente estaría inmóvil. El presente podría ser inmutable. El presente podría no transcurrir nunca. En la otra alternativa, a partir de la relatividad (¿galileana?) del movimiento en cuestión, el tiempo sería lo inmóvil, y nuestra conciencia-presente viajaría sobre sus vías a cierto ritmo. Esta imagen también se corresponde con nuestro sentir común, según el cual nos parece que vamos hacia adelante en el tiempo. Pero antes de decidir si este movimiento del presente es, como parece, relativo, o no lo es —en cuyo caso habría un sistema de referencia absoluto, análogo al que consideramos al hablar de una percepción “entera” y de la ubicación de nuestro yo en ella—, antes de decidir esto debemos interrogarnos sobre algo que probablemente el lector ya se haya preguntado: sea que el eje del tiempo se mueve, o sea que lo hace la ventana del alma, ¿con respecto a qué temporalidad debe entenderse este movimiento? La física más elemental nos enseña que el movimiento involucra velocidad, y que la velocidad se define en términos de espacio recorrido y tiempo empleado para recorrerlo. Pero si estamos hablando de que, por ejemplo, es el tiempo mismo el que se mueve, ¿respecto de qué tiempo lo hará?
No hace falta precisar ahora qué naturaleza ha de tener el “espacio” involucrado en esta noción de velocidad. Si representamos al eje del tiempo como una semirrecta, simplemente podemos decir que el “espacio” recorrido por el eje del tiempo es el segmento de esa semirrecta que pasa por la “ventana” en el “tiempo” de que se trate. Ahora bien, toda la cuestión pasa por saber qué extraordinaria clase de tiempo podría estar en el denominador de esta velocidad, qué remoto “tiempo” podría emplear el eje del tiempo para desplazarse esa longitud. Hasta donde lo comprendo en la actualidad, para mí resulta absurdo considerar que ese “tiempo” empleado por el tiempo para moverse sea realmente una parte ordinaria de este último tiempo. Y si esto es realmente absurdo, tal vez encierre un considerable misterio.


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