lunes, 13 de mayo de 2013

m.2.10. Análisis de la perspectiva. El “objeto en sí” como descripción para fines prácticos


Debemos examinar el papel de la perspectiva en todo lo referente a mi percepción del objeto. En una percepción entera del objeto, puedo distinguir al objeto (que está fuera), al entorno de éste y a mí mismo. Por otra parte, podemos considerar que una “apariencia” del objeto desde un “punto de vista”, está determinada por: “el objeto en sí”, el punto de vista, y ciertas relaciones espaciotemporales del objeto con ese punto de vista. Ahora bien, debe resultar claro que, para el realismo ingenuo, el punto de vista está en el sujeto, mientras que la “apariencia” está en el objeto. De hecho, considerar a la apariencia como algo objetivo se ve facilitado al percatarse de que la apariencia es una apariencia del objeto. “Apariencia” y “percepción” son palabras que tendemos a asociar con la subjetividad, pero esto se debe a la evolución cultural, y en el fondo no es algo originario.
Sabemos que, dado un “objeto en sí” —es decir, en este caso, dada una descripción del objeto sin referencia a ningún punto de vista—, dado un punto de vista, y dadas ciertas relaciones espaciotemporales de ese “objeto en si” con ese punto de vista, podemos obtener la apariencia del objeto, es decir, el aspecto que presenta desde esa perspectiva. Sin embargo, es de suponer que, alterando el orden de las deducciones, dados el punto de vista, la apariencia y las relaciones espaciotemporales, podemos obtener “el objeto en sí”, que, en la interpretación presente, no pasa de ser una descripción útil desde el punto de vista práctico. Para el realismo ingenuo, no hay verdaderamente un objeto en sí “más allá” de las percepciones del mismo, sino que el objeto es la suma de esas percepciones, o apariencias, desde todos los puntos de vista. (Desde cualquier punto de vista, un sujeto ubicado en él diría “eso es el objeto”, refiriéndose al objeto que percibe: con cada señalamiento —a lo largo de todo el espectro de los puntos de vista— señala una “parte” del objeto, un elemento del conjunto que comporta.) En lo tocante a la perspectiva, sugiero que se la identifique con ciertas relaciones espaciotemporales, lo que resultará extraño por incorporar la dimensión del tiempo. Pero ello, en este punto, debe tomarse como accesorio, porque sólo en una instancia posterior abordaremos el tema temporal. Contentémonos de momento, no obstante, con indicar que la dimensión del tiempo podría ser útil para ubicar las perspectivas espaciales en el pasado, por ejemplo, según las notamos en la memoria.
Precisemos ahora la terminología en torno a la percepción, para entender que es lo que exactamente queremos decir cuando hablamos de percepciones en el objeto. En toda percepción ordinaria de un objeto exterior, considerada enteramente, hay cierta percepción de nosotros mismos, del entorno y, sobre todo y naturalmente, del objeto. Por esto, cuando hablamos de la percepción del objeto en el objeto, nos referimos a una parte de la percepción completa, la parte que está en el objeto, a la que también podemos llamar apariencia o aspecto de éste. Tal parte de la percepción entera podría denominarse “percepción restringida” (no necesariamente al objeto, sino también a su entorno o al sujeto, cuando se trata de percepciones de éstos). Pero en el caso especial que nos interesa, hablamos de la percepción restringida del objeto como perteneciente a la colección de percepciones restringidas posibles que es el objeto mismo. Sin embargo, sólo hablaremos de percepción entera y restringida cuando ello es necesario para evitar equívocos, pues, por motivos de brevedad, normalmente diremos que las percepciones del objeto, simplemente, están en él.


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