Todo
el tema se resolvía diciendo que eran las propiedades internas las que estaban
en el objeto, que era lo que yo realmente quería decir, pero las palabras me
confundieron. Di todo un rodeo filosófico que me condujo a la mera
explicitación de algo para mi evidente desde el principio. De todas formas,
algo podrá obtenerse de todo el análisis intermedio.
Veamos
la diferencia entre propiedades “científicas” atribuidas al objeto y
propiedades cualitativas. Una cosa es decir que el objeto está sometido a mucha
presión y temperatura, y otra decir que es rojo, en el sentido de que lo
primero parece establecer algo técnico, mientras lo segundo algo cualitativo.
Sin embargo, es evidente que ambas atribuciones tienen una interpretación
científica y otra ingenua, sensible. Que el objeto está caliente puede
significar tanto algo relativo a una columna de mercurio como a una sensación
inmediata, y así con la luz y el color. Podría querer verse algo diferente en
la presión y, más allá de que también tenga una tosca versión sensible, esto
será cierto. Pero también será consecuente con la epojé científica, dado que la
presión, como exactamente fuerza dividido por la superficie, apenas pertenece
al realismo ingenuo. Por eso, tal vez, el vacío físico se creía algo imposible
o dudoso (y en el marco newtoniano no lo era), y dudo que el vacío fuese
asociado con una nulidad de la presión física. Por otra parte, la presión
sensible es más bien fuerza, y es casi impensable en relación a la que sufre un
objeto, y no nuestro cuerpo. Luego, cuando pensamos en condiciones ambientales
para el objeto en el marco de la epojé científica, debemos pensar siempre en
cualidades sensibles y en propiedades espacio-temporales absolutas.
También
habría que interpelar la idea de que las condiciones ambientales, y también las
espaciotemporales, formen parte de la percepción. Esto es evidentemente cierto,
pero lo crucial es que no toda esa
percepción está en el objeto, sino las propiedades internas de éste, y su
estructura interna. Es útil pensar en las propiedades espaciotemporales como en
el par ordenado de los relacionados, es decir, acaso como subconjuntos estrictos
de la percepción toda. Por otra parte, el ambiente tiene propiedades
cualitativas y estructura interna tal como ocurre con el objeto. Y de hecho,
hay que decirlo, nuestro cuerpo pertenece a tal ambiente, salvo que se lo
excluya por mera definición. Nuestro cuerpo es el punto de referencia absoluto
del ambiente, pero parte del ambiente, y el conjunto completo de las relaciones
espaciotemporales es la percepción toda, que incluye a nuestro cuerpo, al
objeto y al resto del entorno del objeto. Nuestro cuerpo también tiene
cualidades internas y estructura interna, y de hecho esa estructura interna
puede considerarse como todo nuestro cuerpo, todo nuestro yo para el realismo
ingenuo, aunque limitándose a la “física” folk de ese yo.
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