lunes, 6 de mayo de 2013

m.2.4. Conclusiones sobre el cuerpo, el ambiente y el objeto


Todo el tema se resolvía diciendo que eran las propiedades internas las que estaban en el objeto, que era lo que yo realmente quería decir, pero las palabras me confundieron. Di todo un rodeo filosófico que me condujo a la mera explicitación de algo para mi evidente desde el principio. De todas formas, algo podrá obtenerse de todo el análisis intermedio.
Veamos la diferencia entre propiedades “científicas” atribuidas al objeto y propiedades cualitativas. Una cosa es decir que el objeto está sometido a mucha presión y temperatura, y otra decir que es rojo, en el sentido de que lo primero parece establecer algo técnico, mientras lo segundo algo cualitativo. Sin embargo, es evidente que ambas atribuciones tienen una interpretación científica y otra ingenua, sensible. Que el objeto está caliente puede significar tanto algo relativo a una columna de mercurio como a una sensación inmediata, y así con la luz y el color. Podría querer verse algo diferente en la presión y, más allá de que también tenga una tosca versión sensible, esto será cierto. Pero también será consecuente con la epojé científica, dado que la presión, como exactamente fuerza dividido por la superficie, apenas pertenece al realismo ingenuo. Por eso, tal vez, el vacío físico se creía algo imposible o dudoso (y en el marco newtoniano no lo era), y dudo que el vacío fuese asociado con una nulidad de la presión física. Por otra parte, la presión sensible es más bien fuerza, y es casi impensable en relación a la que sufre un objeto, y no nuestro cuerpo. Luego, cuando pensamos en condiciones ambientales para el objeto en el marco de la epojé científica, debemos pensar siempre en cualidades sensibles y en propiedades espacio-temporales absolutas.
También habría que interpelar la idea de que las condiciones ambientales, y también las espaciotemporales, formen parte de la percepción. Esto es evidentemente cierto, pero lo crucial es que no toda esa percepción está en el objeto, sino las propiedades internas de éste, y su estructura interna. Es útil pensar en las propiedades espaciotemporales como en el par ordenado de los relacionados, es decir, acaso como subconjuntos estrictos de la percepción toda. Por otra parte, el ambiente tiene propiedades cualitativas y estructura interna tal como ocurre con el objeto. Y de hecho, hay que decirlo, nuestro cuerpo pertenece a tal ambiente, salvo que se lo excluya por mera definición. Nuestro cuerpo es el punto de referencia absoluto del ambiente, pero parte del ambiente, y el conjunto completo de las relaciones espaciotemporales es la percepción toda, que incluye a nuestro cuerpo, al objeto y al resto del entorno del objeto. Nuestro cuerpo también tiene cualidades internas y estructura interna, y de hecho esa estructura interna puede considerarse como todo nuestro cuerpo, todo nuestro yo para el realismo ingenuo, aunque limitándose a la “física” folk de ese yo.


No hay comentarios: