Deberemos
decir, más bien, que la perspectiva está determinada por las relaciones
espaciotemporales del objeto con el sujeto, y no que es igual a esas
relaciones. Esto debe ser válido si interpretamos a esas relaciones como
“distancias” entre puntos del “objeto en sí” y puntos de nosotros mismos. La
perspectiva visual, por ejemplo, en su aproximación cónica, quedará determinada
por la intersección entre cierto plano y las líneas de proyección, que van
desde puntos del “objeto en sí” hasta un punto idealizado del ojo (descontando
la visión estereoscópica). Todo ese cuerpo de relaciones geométricas podría
definir la perspectiva. Así, la perspectiva, dado el punto de vista y el
“objeto en sí”, nos da la apariencia, pero no debería identificarse a la
perspectiva con la apariencia, sino con las reglas geométricas que dan la
apariencia sobre su plano. En cualquier caso, esto es una mera cuestión de definiciones.
La
apariencia del objeto es algo que está claro en nuestra experiencia, mas no
tanto el punto de vista ni las leyes de la perspectiva. Con todo, lo que
proponemos nosotros es que, para el realismo ingenuo, el “objeto en sí”,
equivalente al objeto geométrico tridimensional que se proyecta, es algo que a
lo sumo puede construirse a partir de las apariencias, y no a la inversa. Las
apariencias son primero, y están en el objeto, y el objeto es la suma de esas
apariencias, porque todas están en él. Por otra parte, en lo tocante al punto
de vista como concepto geométrico, su noción tampoco está clara de un modo
empírico: lo que está claro para nosotros es nuestra percepción de nosotros
mismos, la percepción visual de mi propio cuerpo, por ejemplo. Pero el punto de
vista, como concepto matemático, es algo que no aparece claramente en nuestra
autoconciencia sensible. No vemos el punto geométrico de nuestra perspectiva
visual, por ejemplo, sino la apariencia misma, completa, que incluye al objeto,
al entorno y a una parte de nosotros mismos. Desde la manera de ver puramente
sensible, la apariencia es lo primero, y el “punto de vista” y el “objeto en
sí” son abstracciones; luego, lo mismo puede decirse de las leyes espaciales de
la perspectiva. La apariencia es lo dado, y la apariencia del objeto, al estar en
el objeto, es lo dado exterior. Por lo demás, notaremos enseguida que la
teorización nos lleva a interpretar la apariencia, como si la desdoblara en
sujeto (punto de vista) y objeto (objeto en sí). Es como si la teorización
hiciese estallar la apariencia en direcciones opuestas.
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