¿Es
realmente la colección de percepciones el objeto para el realismo ingenuo? El
sujeto dice, el objeto es eso, pero
no se trata de un deíctico variable en sentido relevante. “Es eso” significa lo
que ahora tiene tales y cuales propiedades y estructura interna. “Eso también”,
puede decir desde otra perspectiva. Pero la cuestión es si aquí debe hablarse
de denominador común o de colección. Yo creo en el denominador común, y sugiero
que se trata de una combinación entre física y metafísica; pero lo que ahora
presupongo es una epojé científico-metafísica. Y la pregunta es si bajo esta
epojé el objeto sigue siendo el denominador común, o el conjunto de los
aspectos perspectivistas. El denominador común es la abstracción, un paso
filosófico y científico. Podría decirse que la “colección” también lo es, para
una filosofía analítica. Por otra parte, debemos tener en cuenta lo que el
objeto es para el realismo ingenuo en relación o no con la teorización
filosófica. El hombre sencillo dirá que el objeto es eso, y ello ya es una rudimentaria explicitación. Y nosotros
necesitamos de una explicitación para demostrar el objeto externo en la epojé.
Pero la versión rudimentaria ya serviría como tal descripción, porque todos
entendemos la denotación del objeto en el sentido intuitivo. Con todo, más allá
de que ello alcance, podríamos preguntar si el remitir al deíctico no puede
prestarse a confusiones o, más precisamente, si la referencia a eso no podría malinterpretarse como algo
que se sale de la alternativa de nuestra epojé. Porque si el objeto es la
colección de percepciones, y las percepciones son externas, el objeto es
exterior, pero si el objeto es lo común a las percepciones, entonces el objeto
podría ser pensado como algo subyacente a éstas, en una versión física, por
ejemplo, o incluso en versiones más extravagantes. Incluso podría decirse que
el objeto es una abstracción platónica, al menos si se lo considera en un
instante; podría, de hecho, ser un conjunto de formas platónicas, y como éstas
no tienen por qué ser pensadas, prima facie, como ubicadas en el espacio
exterior del realismo, podría tener lugar una mala interpretación. El objeto
podría estar en la cabeza del sujeto desde alguna postura nominalista, por
ejemplo. No habría, en este caso, mundo exterior.
Por
todo esto parece necesario dirimir entre la estructura común de las
percepciones y la colección de las mismas, en cuanto actuales o potenciales. El
sujeto dice, es eso; el objeto aparece en carne y hueso; la percepción múltiple,
que incluye lo ahora invisible. Ahí está todo el objeto en relación a mí. Y el
objeto completo es el objeto en relación a todos los sujetos, actuales o
potenciales, en todos los momentos y desde todos los puntos de vista. Cuando
digo es eso, no ocurre que el objeto
está seccionado delante de mí, sino más bien que yo estoy seccionado delante
del objeto. Esto no es así en rigor, pero sugiere lo que quiero decir. Mi
percepción, al estar en el objeto, es una parte de éste, a saber, la parte en
relación a mí, la que “me es accesible”. En la epojé, el objeto no es un centro
abstracto de emanaciones, sino un todo que se muestra a lo largo de un lapso
desde todos los puntos de vista. No hay ningún centro oscuro, ninguna “cosa en
sí”, sino tan sólo un despliegue en el espacio y en el tiempo. En mí, una
sucesión intermitente de percepciones, todas las cuales remiten al conjunto;
todas partes, elementos del conjunto. Pero cabría la pregunta de si eso no
remite a un estado particular, el del momento de la enunciación deíctica, y si,
de ser así, ello cambiaría en algo nuestra concepción. Estoy al lado de una
montaña, la señalo con el dedo y digo: Eso es la montaña. Mi dedo, sin embargo,
apuntó a una región de la misma, acaso a una roca en particular. Pero no por
ello dejo de referirme a toda la montaña. Asimismo, señalo una percepción
(exterior, porque ella es exterior) y digo, Ese es el objeto. Esa percepción es
la roca, el objeto es la montaña. El objeto es el conjunto de todas sus
percepciones (son suyas, porque están fuera); el objeto no es el elemento
común. Pero todo en la epojé.
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