viernes, 10 de mayo de 2013

m.2.8. Las relaciones del objeto con el entorno no pertenecen a mi percepción del objeto


Digamos de nuevo que las relaciones espaciotemporales de la percepción agotan las relaciones externas del objeto. No hay diferencia entre las relaciones del objeto con el entorno inmediato y las que tiene con mi ser, porque ambas son espaciotemporales. En la percepción global del objeto, estoy yo, tanto como el entorno y el objeto mismo. Yo completo el entramado de las relaciones espaciotemporales. La relación del objeto con el entorno es de este tipo, al igual que la relación del objeto conmigo. Digamos que el ambiente, o, con mayor precisión, el mundo inmediato al objeto, se compone del entorno inmediato y de mi ser. Pues en efecto: la única diferencia entre la relación con el entorno y la relación conmigo es que la última remite al sistema de referencia privilegiado. Cada yo lo es. Pero en lo tocante a “mi” percepción, lo relevante es que el objeto se juzga en relación a mí, a mi yo completo, a mi cuerpo ante todo, a la sensación del mismo (eludimos el tema de las imágenes mentales, pero ciertamente el realista ingenuo no las ubica fuera). Porque si la percepción del objeto se evaluara en relación al entorno, tal percepción sería tenida por el entorno, y no por mí. En la filosofía de Leibniz, esto no representaría problema alguno, pero incluso en el sentido usual de los términos el entorno puede percibir al objeto con tal de que en el entorno haya un ser humano, o incluso un animal. Pero no hablamos de esas percepciones, sino de las percepciones del objeto en relación a nosotros. Luego, en mi percepción del objeto no entran, para su definición, las relaciones (externas) del objeto con el entorno (que también es exterior a mí), sino sólo las relaciones con mi persona. Porque si, además, las relaciones con el entorno quisieran introducirse, ellas estarían en mi percepción del entorno, que ahora sería objeto, siendo que el primer objeto devino en entorno.


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